Llamé a atención al cliente para cancelar una suscripción y, después de diez minutos de opciones, por fin me atendió una persona. Le expliqué el problema y se quedó en silencio, como si acabara de descubrir que existíamos. Entonces me preguntó qué necesitaba, y le dije que nada: solo quería comprobar cómo era hablar con alguien que también pagaba sus facturas.
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