Llamé al servicio de atención al cliente para cancelar una suscripción y me hicieron pasar por siete menús, tres departamentos y una encuesta de satisfacción. Después de cuarenta minutos, una voz me preguntó si quería valorar la atención recibida. Le puse cinco estrellas: ya estaba demasiado cansado para enfrentarme a otra máquina.
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